Escribo esto sentado en el asiento 49c del vuelo 212 de Boston con destino a Londres. Son 6 horas en donde uno puede pensar. Y yo pienso muchas cosas.
Pienso que estoy orgulloso de lo que he hecho. Para mi no es fácil irme lejos, porque creo que en Madrid tengo una vida que no puedo tener en ningún otro lado. Simplemente porque en Madrid tengo todo lo que necesito, y eso es algo que no tengo en ningún otro lado: el cariño de mi familia, el apoyo de mis amigos y la persona con la que pasaría cada segundo de mi vida.
Sin embargo soy ambicioso, y por eso necesito este tipo de retos. Mi curiosidad, mis ganas de aprender, de conocer, de crecer en definitiva me hacen tomar a veces caminos que me llevan lejos de lo que quiero. Decía Victor Hugo que “lo malo no es tener ambición, sino ser devorado por ella” y por eso trato de no quedarme dormido en el calor del hogar donde se está tan a gusto, sino que trabajo para echar más leña al fuego. En el equilibrio espero encontrar la virtud.
Pienso que este tiempo que he estado fuera he echado de menos muchas cosas, sí. Las más valiosas, también. Pero he aprendido mucho. A veces el interior de las personas es como el de las plantas. Necesitan tener unas raíces fuertes para sustentarse, pero también necesitan orientarse al sol para poder crecer.
Hablando con el taxista que me llevaba de camino al aeropuerto, me decía que la vida es eso, “Tener siempre algo que echar de menos, pero también algo de lo que disfrutar”. Ahora vuelvo, y voy a disfrutar de volver a ver a todos, pero voy a echar infinitamente de menos a alguien al que tengo mucho que agradecer. Alguien que vino conmigo adaptándose a mis planes, como siempre ha hecho. Ese que se pelea conmigo para hacerme sonreir y que se preocupa de mí simplemente porque es mi hermano mayor. Ahora se queda allí, y por eso en este avión siento que me falta algo, me falta él. Y por eso no he podido dejar escapar alguna lágrima escribiendo.
Pensando y pensando…pienso que estoy en uno de los mejores momentos de mi vida y me siento feliz por ello. Ahora bien, creo que lo mejor está por venir. Me siento preparado y capacitado para aportar y no sólo recibir. En todos los sentidos. Creo que es hora de empezar devolver a todos aquellos que han depositado en mi tanta confianza todo lo que me han dado. Es hora de empezar a dar frutos. No sé cuál será el resultado final, pero creo que si se hacen las cosas bien, lo más probable es que salgan bien.












































































































































