Wikileaks, ejércitos 2.0 y la importancia de la descentralización del poder

diciembre 21, 2010

Si hay una organización que ha dado la vuelta al mundo en 2010, desde luego no ha sido una multinacional tradcional, ni una empresa puntera de Silicon Valley (Por mucho que le den a Facebook los galardones que sean), el hito que supone un cambio en la historia tiene un nombre bien distinto: Wikileaks. Según cita la Wikipedia:

WikiLeaks (del inglés leak, ‘fuga’, ‘goteo’, ‘filtración [de información]’) es una organización mediática internacional sin ánimo de lucro que publica a través de su sitio web informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público, preservando el anonimato de sus fuentes.[1] El lanzamiento del sitio se realizó en diciembre de 2006, su actividad comenzó en julio de 2007 y desde entonces su base de datos ha crecido constantemente hasta acumular 1,2 millones de documentos.[2] Su creador fue Julian Assange. Está gestionado por The Sunshine Press.

Más allá de la fiabilidad de sus fuentes, o de los motivos que propician las filtraciones, hemos de reconocer que lo que ha creado Julian Assange no es otra cosa que la organización del Siglo XXI, aunque quizás todavía no nos hayamos dado cuenta…

Según una de las fuentes consultadas, Wikileaks contaba hace poco con solamente 5 voluntarios full time dedicados a la evaluación de la documentación aportada, decenas de voluntarios activos, y más de 800 trabajando part time de forma desinteresada. Y todo ello es porque, lejos de entrar a valorar si el motivo es lícito o no, el proyecto tiene alma. Y esas 1000 personas que creen en la causa, son las que ponen en jaque a gobiernos, departamentos de defensa, y lo que se les ponga por delante. No sirven a nadie, sirven a un fin. Trabajan en algo en lo que creen. Son los nuevos ejércitos 2.0.

Pero sigamos indagando en su organización. Como reza su manifiesto, esta organización no tiene un CEO sino un creador, y no goza de una estructura centralizada de toma de decisiones, y aún así todo funciona. Los documentos siguen llegando de todas partes del mundo, imposibles de controlar, y los voluntarios siguen evaluándolos, imposibles de controlar también. Aún cuando Lassange esté detenido y perseguido por varios gobiernos,  la organización debe seguir funcionando igual que antes. Ese es al menos su reto, y así debería seguir…si puede mantenerla. El tiempo dirá si lo ha conseguido.

Porque a lo que estamos asistiendo es a la heróica batalla del porvenir: el combate entre las organizaciones de dos siglos distintos, que pelean por el poder del futuro. De un lado está el viejo poder  centralizado, representado por los estados, que se agarran al poder tradicional a través de las armas de las que dispone (Leyes, secretos de estado, escuchas, condenas, etc.). De otro lado, el nuevo poder distribuído: la nueva organización. Un indomable ejército de voluntarios esparcidos por el mundo, que luchan por un fin que creen lícito. Son ejércitos que luchan con armas bien distintas, pero no dudemos que se ha iniciado una guerra. Virtual, pero una guerra al fin y al cabo.

Lo más importante de Wikileaks no está en la información que publica, sino en la descentralización de su poder. ¿Cómo ir contra una organización descentralizada? ¿Cómo cortarle la cabeza si no tiene? ¿Cómo atacar un ejército impredecible? Eso es lo que hace a la nueva organización más poderosa.

Recuerdo un pasaje del célebre libro de Sun Tzu, “El arte de la guerra”:

“Sé extremadamente sutil, discreto, hasta el punto de no tener forma. Sé completamente misterioso y confidencial, hasta el punto de ser silencioso. De esta manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.

Para avanzar sin encontrar resistencia, arremete por sus puntos débiles. Para retirarte de
manera esquiva, sé más rápido que ellos.
Las situaciones militares se basan en la velocidad: llega como el viento, muévete como el
relámpago, y los adversarios no podrán vencerte.

Por lo tanto, cuando quieras entrar en batalla, incluso si el adversario está atrincherado en una posición defensiva, no podrá evitar luchar si atacas en el lugar en el que debe acudir irremediablemente al rescate.”

Me recuerda en gran medida lo que está pasando en wikileaks: Una organización ágil, flexible, sin ninguna forma definida. Dispersa por ese campo de batalla por el poder en que se ha convertido la red de redes…Y creo que así serán todas las organizaciones potentes del siglo XXI. Organizaciones que persiguen (o al menos eso dicen, veremos si lo demuesran) un fin elevado – en este caso la libertad de expresión y el derecho a la información, pero hay otros muchos otros fines legítimos – y que no responden a los fines lucrativos personales de una o varias personas. Son organizaciones que luchan por un ideal elevado, por una virtud. No por dinero.

O al menos así debería ser.

Aquí dejo un vídeo de una entrevista a Julian Assange, para que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones.

Wikileaks Julian Assange en TED


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